3 03 2007
Por Isabel Morales Quezada
El gobierno de Felipe Calderón es y será el gobierno de la impunidad. Lo ha demostrado en el caso de Oaxaca, con Ulises Ruiz como gobernador; en Atenco, con Peña Nieto; en Pasta de Conchos; en Puebla, con Mario Marín y con Vicente Fox, principalmente. Tal vez Felipe Calderón cree que los mexicanos no tenemos memoria y que no nos acordamos del daño que estos personajes causaron a México, por lo mismo no le importa reunirse con ellos, se toma la foto y platica sobre el futuro del país.
El reporte de la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos fue contundente: denunció los abusos cometidos en Oaxaca. Pero jamás ha habido una respuesta por parte de Calderón en torno a ese tema, nunca una declaración como las que hace cuando se refiere a combatir, según él, al narcotráfico. Tal vez sea ingenuo pensar que el actual “gobierno” pueda preocuparse por el bien del pueblo, o por castigar a los que se han aprovechado del poder que tienen. Pero la gente afectada está hambrienta de justicia. ¿Qué esperanza puede quedarle al pueblo cuando ven que los encargados de aplicar la justicia y de imponer sanciones a los que violan la ley están a las órdenes de los que precisamente han violado sus derechos?
Las declaraciones de Vicente Fox demuestran la seguridad de alguien que sabe no poder ser castigado. Las “autoridades” lo pasen por alto, como pasaron por alto la intromisión de Fox en el proceso electoral, y esto no es sino una prueba más de que el actual gobierno está de lado de aquellos que no sólo no han respetado la voluntad del pueblo, sino que lo han reprimido: de lado de los que ayudaron a Calderón a sentarse en la silla presidencial.
La impunidad es el verdadero peligro para México, porque si se premia a los que han cometido graves delitos contra el pueblo, significa que la justicia no existe en este país y que todo está de cabeza: se premia a los delincuentes y se castiga a los que luchan por un país mejor. ¿En manos de quiénes estamos?
Recientemente, obreros norteamericanos invadieron territorio mexicano para poder construir el muro que pretende impedir que mexicanos crucen hacia Estados Unidos además de ocasionar más muertes. Pero el gobierno de Calderón no ha pedido explicaciones sobre esto al gobierno de Mr. Bush, incluso han minimizado el hecho. Mientras tanto, los migrantes mexicanos, cuando osas cruzar la frontera para entrar en territorio estadounidense, corren el riesgo de morir asesinados como delincuentes sin que el gobierno de México haga algo por defenderlo o por cuestionar el pésimo trato que se les da a los indocumentados en ese país.
Estamos ante un gobierno débil que trabaja al servicio de EUA, de los empresarios, de los gobernadores deshonestos y asesinos, y hasta de la Iglesia. Pero como se ha visto ya, la gente no está conforme, y aunque Calderón trata de lavarnos el cerebro con innumerables spots en radio y televisión, la realidad contradice a sus “discursos” y lo pone en ridículo ante los ojos de la gente que ya despertó y que es consciente.
La impunidad genera inconformidad, frustración, impotencia. El país se llena de delincuentes, de aquellos que tratan de acabar con el pueblo y con su libertad, pero la respuesta de la gente también crece. La resistencia continúa y las acciones del gobierno actual cada vez generan más desconfianza entre la población. Felipe Calderón pretende gobernar un país rodeado de delincuentes sin castigo y con el fraude electoral a cuestas.
El gobierno de Felipe Calderón es y será el gobierno de la impunidad. Lo ha demostrado en el caso de Oaxaca, con Ulises Ruiz como gobernador; en Atenco, con Peña Nieto; en Pasta de Conchos; en Puebla, con Mario Marín y con Vicente Fox, principalmente. Tal vez Felipe Calderón cree que los mexicanos no tenemos memoria y que no nos acordamos del daño que estos personajes causaron a México, por lo mismo no le importa reunirse con ellos, se toma la foto y platica sobre el futuro del país.
El reporte de la Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos fue contundente: denunció los abusos cometidos en Oaxaca. Pero jamás ha habido una respuesta por parte de Calderón en torno a ese tema, nunca una declaración como las que hace cuando se refiere a combatir, según él, al narcotráfico. Tal vez sea ingenuo pensar que el actual “gobierno” pueda preocuparse por el bien del pueblo, o por castigar a los que se han aprovechado del poder que tienen. Pero la gente afectada está hambrienta de justicia. ¿Qué esperanza puede quedarle al pueblo cuando ven que los encargados de aplicar la justicia y de imponer sanciones a los que violan la ley están a las órdenes de los que precisamente han violado sus derechos?
Las declaraciones de Vicente Fox demuestran la seguridad de alguien que sabe no poder ser castigado. Las “autoridades” lo pasen por alto, como pasaron por alto la intromisión de Fox en el proceso electoral, y esto no es sino una prueba más de que el actual gobierno está de lado de aquellos que no sólo no han respetado la voluntad del pueblo, sino que lo han reprimido: de lado de los que ayudaron a Calderón a sentarse en la silla presidencial.
La impunidad es el verdadero peligro para México, porque si se premia a los que han cometido graves delitos contra el pueblo, significa que la justicia no existe en este país y que todo está de cabeza: se premia a los delincuentes y se castiga a los que luchan por un país mejor. ¿En manos de quiénes estamos?
Recientemente, obreros norteamericanos invadieron territorio mexicano para poder construir el muro que pretende impedir que mexicanos crucen hacia Estados Unidos además de ocasionar más muertes. Pero el gobierno de Calderón no ha pedido explicaciones sobre esto al gobierno de Mr. Bush, incluso han minimizado el hecho. Mientras tanto, los migrantes mexicanos, cuando osas cruzar la frontera para entrar en territorio estadounidense, corren el riesgo de morir asesinados como delincuentes sin que el gobierno de México haga algo por defenderlo o por cuestionar el pésimo trato que se les da a los indocumentados en ese país.
Estamos ante un gobierno débil que trabaja al servicio de EUA, de los empresarios, de los gobernadores deshonestos y asesinos, y hasta de la Iglesia. Pero como se ha visto ya, la gente no está conforme, y aunque Calderón trata de lavarnos el cerebro con innumerables spots en radio y televisión, la realidad contradice a sus “discursos” y lo pone en ridículo ante los ojos de la gente que ya despertó y que es consciente.
La impunidad genera inconformidad, frustración, impotencia. El país se llena de delincuentes, de aquellos que tratan de acabar con el pueblo y con su libertad, pero la respuesta de la gente también crece. La resistencia continúa y las acciones del gobierno actual cada vez generan más desconfianza entre la población. Felipe Calderón pretende gobernar un país rodeado de delincuentes sin castigo y con el fraude electoral a cuestas.
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