El 2030, un sueño
A Felipe de Jesús Calderón le urge superar la actual coyuntura que lo asfixia: un presidente saliente que intenta seducirlo con tal de no rendirle cuentas a la sociedad. Su dirigencia partidista que pretende imponerle las “reglas del juego” para su futura administración, privilegiando los intereses más rancios y conservadores. Un movimiento de resistencia civil que lo descalifica como presidente del país. El conflicto oaxaqueño que, con el paso del tiempo, lejos de resolverse se complica. Lo anterior justifica por qué requiere una maniobra vistosa, mediática y política que lo saque, aunque parcialmente, de este “atolladero”. En este contexto puede inscribirse su Proyecto México 2030 que tiene como fin trazar una ruta transexenal que abarca 24 años, una generación. La aspiración es válida; su realización, empero, inviable. Se trata, al final de cuentas, de un planteamiento carente de sustento. Felipe de Jesús plantea objetivos deseables. Serían alcanzables en tanto haya acuerdos políticos que permitan aprobar reformas básicas y, sobre todo, la disponibilidad de recursos para realizar cuantiosas inversiones en educación. Hay que reconocer la existencia de un déficit brutal en el rubro educativo y, hasta ahora, no se visualiza propuesta alguna para corregirlo. Sin inversión en educación, todo proyecto de nación está condenado a la inviabilidad. Por esta razón, el 2030 es nada. Un sueño.Así, uno de los objetivos del mencionado proyecto es que cada mexicano, en promedio, tenga un ingreso de 30 mil dólares al año dentro de un cuarto de siglo. Cifra de país de primer mundo. Implicaría, entre otras cosas, que el tamaño de la economía mexicana tendría que multiplicarse por más de cuatro veces: llegar a 3 millones de millones de dólares (mmdd) en ese lapso. Los 30 mil dólares de ingreso se alcanzarían en la medida que la tasa de crecimiento demográfica fuera cero en el periodo contemplado. Si se considera el crecimiento demográfico en la proyección, los 3 mmdm serían insuficientes para lograr el objetivo planteado. El tamaño de la economía tendría que ser todavía mayor. La pregunta se impone: ¿cómo se lograría?Chile, ese país cuyo éxito económico es innegable, duplicó su economía en un lapso de 25 años (1981-2006). En los últimos tres lustros ha logrado elevar tres mil dólares el ingreso per cápita. Para lograrlo, la tasa de crecimiento económico del país andino ha oscilado entre 5 y 6 por ciento anual en los últimos lustros, mientras que la tasa mexicana rebasa escasamente 2 por ciento anual. Primer obstáculo a vencer. ¿Cómo imprimirle dinamismo a la economía?De acuerdo con diversos indicadores, el ingreso de cada mexicano se ha deteriorado en los últimos veinte años. Para lograr la meta señalada por Calderón para 2030, la economía mexicana tendría que crecer a niveles superiores a 7 por ciento durante cuatro sexenios y, a la par, combatir la pobreza y la desigualdad de manera frontal para que la riqueza generada tuviera una distribución menos inequitativa que la observada hasta ahora. Tendría que convertirse en la China de América Latina, con todo lo que ello implica. Dadas las circunstancias actuales, el 2030 peca de un disparatado optimismo.No es la primera vez que se piensa en planes transexenales. Son una forma de trascender. En 1994 y en 2000 hubo propuestas semejantes, nunca concretadas. Si se tratara de un producto mercadotécnico, lo que Felipe de Jesús estaría vendiendo es una baratija. Si se quiere convencer a la sociedad de que lo que se propone es una salida para el país, la conclusión es que difícilmente se darán por buenas las bondades del proyecto que propone. Más que pensar en el largo plazo, la próxima administración debería orientarse a resolver los problemas inmediatos. Oaxaca y el 1 de diciembre, para no ir más lejos. El 2030 es un sueño que puede ser el inicio de Calderolandia, que sustituiría al de Foxilandia, que por fortuna tiene escasas seis semanas de vida.
16 octubre 2006
El 2030 es un sueño que puede ser el inicio de Calderolandia, que sustituiría al de Foxilandia
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