Desaparecido

GABRIEL GOMEZ CAÑA, POR ULTIMA VEZ SE LE VIO EL SABADO 25 DE MARZO PASADO, A LAS 11:30 DE LA NOCHE

GABRIEL GOMEZ CAÑA, POR ULTIMA VEZ SE LE VIO EL SABADO 25 DE MARZO PASADO,  A LAS 11:30 DE LA NOCHE Orizaba, Veracruz.- Llevaba una playera negra, pantalon de mezclilla, es de complexion delgado y piel morena...Es militante del Frente Popular Revolucionario y activista de Organizaciones Sociales.

25 octubre 2006

Verdades Sobre SABRITAS

Sabritas acaba de publicar un desplegado dirigido a los partidos políticos nacionales y, particularmente, al Frente Amplio Progresista, para lavarse la manchada que se dio con su tendenciosa participación en la pasada elección presidencial. Alega que sólo quiso aprovechar mercadológicamente el momento electoral. En su punto 6 dice, textualmente “Sabritas siempre se ha conducido en estricto apego al marco legal y continuará trabajando de la misma manera”.

Es una enorme mentira.

Sabritas es una violadora de la ley. No sólo por intervenir tramposamente contra Andrés Manuel López Obrador en la amafiada elección presidencial, sino por otros hechos que aquí serán expuestos. Su intrusión ilegal en la contienda electoral es un hecho evidente que hoy trata de negar, luego de sufrir el boicot de la Resistencia Civil Pacífica. La neta es que su principal directivo, Pedro Padierna Barning, se amafió con otros capitostes mexicanos, los “few and faddies” (selectos y caprichosos), para contrarrestar la arrolladora popularidad del Peje, que amenazaba con aplastar a su candidito y reducir los atracos a la ciudadanía, al amparo del poder público.

Craso error. El poder público lo tiene la gente, no el gobierno.

Sabritas se metió en terrenos que le son ajenos, entró mal, a destiempo y tramposamente. Así como una vez sacó del mercado a su principal competidor, ahora trató de sacar del horizonte político a quien los plutócratas coincidieron en nombrar “Un Peligro para México”.

Y ya empieza a pagar las consecuencias. Los dueños de Sabritas –una corporación llamada Frito-Lay, subsidiaria de Pepsico, el otro gigante de los refrescos negros— que viven en Estados Unidos, sólo entienden de dinero. No les interesa la política de México. No les interesa México, más que como consumidor de sus productos. La única política que entienden es la de utilidades. Les vale madres si Fox o Calderón o quien sea está en el poder, si lo alcanza o lo pierde. Con que ellos ganen es suficiente. Por eso lo único que les importa es vender. La caída de sus ventas significa menos ganancias, menos utilidades. Es todo lo que les preocupa. Y las decisiones de Padierna Barning les está arruinando las ganancias.

Bajo la conducción de Pedro Padierna Barning, Sabritas quiso sacarle provecho a las relaciones políticas de "alto nivel" de un junior presidencial, que aumentara el poder económico y el ámbito de influencia de la trasnacional. Lo cual es lógico, en el contexto mercantilista de su desarrollo. Pero resultó absurdo y miope, por el momento que escogió para involucrarse financieramente en una contienda política tan amañada, con tantos factores novedosos y negativos involucrados.

Los asesores de Padierna (que se supone debe tenerlos y bien pagados) debieron advertirle de los riesgos de entrar, así fuera sesgadamente, como se supone que Sabritas trató de hacerlo, en una contienda política tan conflictiva y tendenciosa, vistos los antecedentes, el desarrollo y resultado último del intento de desafuero y la cantidad de gente que salió a la calle para impedirlo. La lectura más elemental de los hechos hubiera aconsejado prudencia ante la movilización evidente, real, en torno a López Obrador. Pero Sabritas no tiene una administración prudente ni justa ni legal, y se embarcó en un atraco a la voluntad popular, que entendió como un hecho ya decidido en Los Pinos. Y como buena sociedad mercantil, Sabritas es lo que sus directivos deciden. Y Sabritas resultó tramposa,

Pero la gente ya se la empezó a cobrar, mostrándole a Sabritas y a todos los demás, quién es realmente “el mercado”. No los poquitos que entre coñaquitos y habanos deciden subir y bajar precios a su antojo, dar o quitar más producto en cada envase, determinar qué tipo de país quieren seguir explotando. Esos no son "el mercado", por más que los analistas y opinadores a sueldo quieran hacerlo creer. La gente, la mayoría, los que consumen o desechan sus productos, ése es “el mercado”. Y “el mercado” decidió castigar las trampas de Sabritas. No sólo cayeron sus ventas. Su imagen, que tantos millones costó construir, ya se deterioró y va a ser medio difícil que vuelvan a levantarla. Caput. Se la cargó Pifas, gracias a las decisiones de Pedro Padierna y su directorio.

Sin embargo, Sabritas no sólo violó la ley electoral. Fiel a la directriz marcada por su gerencia, mancha la Constitución y viola otras leyes. Y aquí vamos a exponer la neta, con pelos y señales, para que todos se enteren. La carita sonriente ya no va a sonreir. Y todavía le falta sufrir más. La Resistencia apenas empieza. Funcionó el boicot, que seguirá adelante hasta que el Presidente López Obrador esté despachando los asuntos de Estado en el Palacio Nacional.

Sabritas acaba de publicar un desplegado dirigido a los partidos políticos nacionales y, particularmente, al Frente Amplio Progresista, para lavarse la manchada que se dio con su tendenciosa participación en la pasada elección presidencial. Alega que sólo quiso aprovechar mercadológicamente el momento electoral. En su punto 6 dice, textualmente “Sabritas siempre se ha conducido en estricto apego al marco legal y continuará trabajando de la misma manera”.

Es una enorme mentira.

Sabritas es una violadora de la ley. No sólo por intervenir tramposamente contra Andrés Manuel López Obrador en la amafiada elección presidencial, sino por otros hechos que aquí serán expuestos. Su intrusión ilegal en la contienda electoral es un hecho evidente que hoy trata de negar, luego de sufrir el boicot de la Resistencia Civil Pacífica. La neta es que su principal directivo, Pedro Padierna Barning, se amafió con otros capitostes mexicanos, los “few and faddies” (selectos y caprichosos), para contrarrestar la arrolladora popularidad del Peje, que amenazaba con aplastar a su candidito y reducir los atracos a la ciudadanía, al amparo del poder público.

Craso error. El poder público lo tiene la gente, no el gobierno.

Sabritas se metió en terrenos que le son ajenos, entró mal, a destiempo y tramposamente. Así como una vez sacó del mercado a su principal competidor, ahora trató de sacar del horizonte político a quien los plutócratas coincidieron en nombrar “Un Peligro para México”.

Y ya empieza a pagar las consecuencias. Los dueños de Sabritas –una corporación llamada Frito-Lay, subsidiaria de Pepsico, el otro gigante de los refrescos negros— que viven en Estados Unidos, sólo entienden de dinero. No les interesa la política de México. No les interesa México, más que como consumidor de sus productos. La única política que entienden es la de utilidades. Les vale madres si Fox o Calderón o quien sea está en el poder, si lo alcanza o lo pierde. Con que ellos ganen es suficiente. Por eso lo único que les importa es vender. La caída de sus ventas significa menos ganancias, menos utilidades. Es todo lo que les preocupa. Y las decisiones de Padierna Barning les está arruinando las ganancias.

Bajo la conducción de Pedro Padierna Barning, Sabritas quiso sacarle provecho a las relaciones políticas de "alto nivel" de un junior presidencial, que aumentara el poder económico y el ámbito de influencia de la trasnacional. Lo cual es lógico, en el contexto mercantilista de su desarrollo. Pero resultó absurdo y miope, por el momento que escogió para involucrarse financieramente en una contienda política tan amañada, con tantos factores novedosos y negativos involucrados.

Los asesores de Padierna (que se supone debe tenerlos y bien pagados) debieron advertirle de los riesgos de entrar, así fuera sesgadamente, como se supone que Sabritas trató de hacerlo, en una contienda política tan conflictiva y tendenciosa, vistos los antecedentes, el desarrollo y resultado último del intento de desafuero y la cantidad de gente que salió a la calle para impedirlo. La lectura más elemental de los hechos hubiera aconsejado prudencia ante la movilización evidente, real, en torno a López Obrador. Pero Sabritas no tiene una administración prudente ni justa ni legal, y se embarcó en un atraco a la voluntad popular, que entendió como un hecho ya decidido en Los Pinos. Y como buena sociedad mercantil, Sabritas es lo que sus directivos deciden. Y Sabritas resultó tramposa,

Pero la gente ya se la empezó a cobrar, mostrándole a Sabritas y a todos los demás, quién es realmente “el mercado”. No los poquitos que entre coñaquitos y habanos deciden subir y bajar precios a su antojo, dar o quitar más producto en cada envase, determinar qué tipo de país quieren seguir explotando. Esos no son "el mercado", por más que los analistas y opinadores a sueldo quieran hacerlo creer. La gente, la mayoría, los que consumen o desechan sus productos, ése es “el mercado”. Y “el mercado” decidió castigar las trampas de Sabritas. No sólo cayeron sus ventas. Su imagen, que tantos millones costó construir, ya se deterioró y va a ser medio difícil que vuelvan a levantarla. Caput. Se la cargó Pifas, gracias a las decisiones de Pedro Padierna y su directorio.

Sin embargo, Sabritas no sólo violó la ley electoral. Fiel a la directriz marcada por su gerencia, mancha la Constitución y viola otras leyes. Y aquí vamos a exponer la neta, con pelos y señales, para que todos se enteren. La carita sonriente ya no va a sonreir. Y todavía le falta sufrir más. La Resistencia apenas empieza. Funcionó el boicot, que seguirá adelante hasta que el Presidente López Obrador esté despachando los asuntos de Estado en el Palacio Nacional.


¿Respetuosa de la ley? ¡JA!

No hay comentarios.: