Desaparecido

GABRIEL GOMEZ CAÑA, POR ULTIMA VEZ SE LE VIO EL SABADO 25 DE MARZO PASADO, A LAS 11:30 DE LA NOCHE

GABRIEL GOMEZ CAÑA, POR ULTIMA VEZ SE LE VIO EL SABADO 25 DE MARZO PASADO,  A LAS 11:30 DE LA NOCHE Orizaba, Veracruz.- Llevaba una playera negra, pantalon de mezclilla, es de complexion delgado y piel morena...Es militante del Frente Popular Revolucionario y activista de Organizaciones Sociales.

20 marzo 2007

Hambre ancestral

Proceso

Pedro Zamora Briseño Desde su nacimiento, Reynaldo no tenía fuerza ni para mantenerse sentado. Un día se le inflamó el cuello, tomaba aire con dificultad y no dejaba de llorar. A la mañana siguiente su abuelo Timoteo caminó más de una hora hacia El Coyunque en busca de un curandero. Cuando éste apareció y pudo trasladarse hasta donde se necesitaba su ayuda, el niño ya estaba muerto... Realidad cotidiana en la Sierra del Nayar, dramas como éste azotan a los cerca de 30 mil indígenas coras y huicholes que sobreviven en 466 localidades de la región, ahí donde todo se promete y casi nada se cumple.

EL NAYAR, NAY.- En este municipio, habitado principalmente por coras y huicholes, la muerte abate por hambre, desnutrición y enfermedades curables a niños, jóvenes, adultos y ancianos, mientras la mayoría de los indígenas se ven obligados a recorrer por varias horas brechas y caminos para llegar a un centro de salud.

A Los Encinos, un poblado de 250 habitantes enclavado en el cerro La Cumbre, llega un médico una o dos veces al mes, y cuando los enfermos necesitan trasladarse de emergencia al hospital, suelen fallecer en el camino.

Eso ocurrió con Reynaldo Velázquez López, quien, nacido el 10 de agosto de 2005, únicamente vivió 15 meses y un día. Los Servicios de Salud de Nayarit registraron que su deceso fue a causa de una neumonía con desnutrición grave.

Timoteo Velázquez, su abuelo paterno, cuenta que desde su nacimiento y debido a la desnutrición, Reynaldo no tenía fuerza ni para quedarse sentado. Un día se le inflamó el cuello, tomaba aire con dificultad y no dejaba de llorar.

A la mañana siguiente, Timoteo caminó más de una hora hacia El Coyunque en busca de un curandero. Le informaron que había salido, pero que por la tarde vería al menor. Cuando llegó, ya estaba muerto.

Y es que para llevarlo al hospital de Jesús María, cabecera del municipio El Nayar, habrían tenido que pagar mil 600 pesos por el viaje de seis horas de terracería, y no los tenía.

Casi un mes más tarde murió también Ricardo García Javier, de 10 meses de edad. Sus padres, Silvano y Juliana, dicen que tres días antes había empezado con tos y dolor de pecho. Buscaron al médico y a su auxiliar, el responsable de la casa de salud, pero no estaban en el pueblo.

La madrugada del 9 de diciembre, el niño empeoró y, como pudo, Silvano consiguió una camioneta para conducirlo al hospital de Jesús María. Ya era tarde: el menor murió en el trayecto por insuficiencia respiratoria, paro cardiorrespiratorio y neumonía (certificado de defunción 3149912).

Silvano y Juliana tienen además tres hijos y una hija llamada Alicia. El lunes 5 de marzo de 2007, día en que los visitó el enviado de Proceso, la niña de dos años se encontraba postrada en un catre de madera y carrizo, con fiebre, tos y dolor de garganta. Sus padres trataban de conseguir dinero para sacarla de Los Encinos en busca de atención.

En otro caso, la señora Josefina Gutiérrez, de 40 años de edad, tuvo una niña el pasado 11 de enero, auxiliada por una partera, su esposo y su hijo mayor. Aunque fue un parto prematuro y la recién nacida pesó 2.4 kilogramos y midió 40 centímetros, la partera aseguró que se hallaba en buenas condiciones.

El 17 de enero sufrió una crisis respiratoria y media hora después pereció sin llegar a coincidir con ninguna visita del médico a Los Encinos.

A Martha Griselda Jerónimo Crisanto, de dos años de edad, la picó un alacrán el 3 de agosto de 2005, y su madre, Yolanda Crisanto de la Cruz, la llevó a la casa de salud, que estaba cerrada. Al llegar el encargado, dos horas después, le aplicó una inyección que ya no funcionó.

Cuando el padre de la menor, Juan Jerónimo López, regresó del campo de cultivo, supo de la muerte de su hija, como ocurrió con otros dos de sus hijos en 2003, uno de un año y otro de cinco, quienes, relata, “nada más se hincharon de la cara, pero no tenía dinero para llevarlos al hospital”.

La comunidad siembra maíz en la temporada de lluvias. El resto del año, ante la falta de empleos, muchos de los lugareños emigran a la costa para trabajar en los cultivos de tabaco.

El poblado, sin energía eléctrica ni drenaje o agua entubada, sólo cuenta con un plantel escolar bilingüe con 67 alumnos, cuyo director, Juan José Canare Baltazar, señala:

“Hay niños que sólo traen una tortillita para comer en el recreo. Nos dicen que tienen hambre y a veces les damos galletas; eso nos da un indicio de que no están comiendo bien en su casa, lo que afecta el aprendizaje, porque no ponen atención, no tienen interés, están pensando nada más en comer y se distraen muy fácilmente.”

Advierte además que urge un médico de planta en el poblado ya que, “ante una emergencia, si le va bien al enfermo, llega al hospital; si no, muere en el camino”, casi siempre por problemas de salud asociados a la desnutrición.

Y es que este es un problema compartido de las localidades de El Nayar. El 30 de octubre de 2006, por ejemplo, una niña de dos años, originaria de Las Hormigas, murió en el hospital de Tepic a raíz de una septicemia derivada de desnutrición severa, en tanto que unos meses atrás, el 16 de marzo, sucumbió un niño en el hospital mixto de la cabecera de El Nayar tras una enfermedad diarreica complicada por desnutrición moderada. Y una niña, proveniente de Santa Teresa, había fenecido poco antes por desnutrición y anemia severas, con gastroenteritis.

Entre jóvenes y adultos también abundan las víctimas. A los 44 años de edad, el 12 de abril de 2006, un jornalero de San Francisco falleció a causa de un choque séptico provocado por anemia ferropénica y desnutrición severa. Y una mujer de 30 años, de Rancho Viejo, perdió la vida el 2 de agosto por un paro cardiorrespiratorio debido a desnutrición y anemia crónicas. Así mismo, en Los Fierros, una joven de 19 años murió el 25 de octubre al sufrir

un shock anémico derivado de desnutrición

severa.



Retroceso nutricional



El municipio de El Nayar tiene en más de 5 mil kilómetros cuadrados unos 30 mil habitantes, en su mayoría coras y huicholes, con una minoría de tepehuanos y mexicaneros, distribuidos en 466 pequeñas localidades de la Sierra del Nayar, a las que de poco han servido programas como Pronasol, Progresa y Oportunidades.

El estudio Cambios en la situación nutricional de México 1990-2000, del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutricionales Salvador Zubirán y de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición, revela cómo en El Nayar decayó la calidad de vida en esa década y se incrementaron los niveles de riesgo nutricional.

Mientras que en 1990 el índice de riesgo era de 15.65 y El Nayar ocupaba el lugar 73 a escala nacional, cinco años después la primera cifra pasó a 17.36 y la segunda al 42. En el 2000, el riesgo nutricional de El Nayar ya era de 18.14 y éste tenía el sitio 32 entre los municipios del país.

El Informe sobre Desarrollo Humano México 2004, rendido por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), equipara el índice de desarrollo humano de El Nayar con el de Nepal, y los niveles de ingreso son como los de Kenia, mientras que la atención de la salud es equiparable a la de Ghana.

Según cifras oficiales, durante 2006 la desnutrición fue la principal causa de muerte en el municipio, y de acuerdo con los Servicios de Salud de Nayarit (SSN) –informes a los que tuvo acceso el reportero– el año pasado murieron en El Nayar 80 personas, con la desnutrición como causa directa o indirecta en 18 casos, es decir, el 22.5%.

Y si a las cifras de 2006 se les suman los fallecimientos por otro tipo de enfermedades curables que, según especialistas, se agravan y llegan a ser fatales en presencia de la desnutrición –como tuberculosis, neumonía o gastroenteritis–el porcentaje de decesos que se derivaría de estas circunstancias se eleva a 40%, con una cifra global de 32 defunciones.

En entrevista, la doctora Mirella Rosales Romero, responsable de Medicina Preventiva del Hospital Mixto de Jesús María –donde se ofrece medicina general y tradicional–, dice que, ante un cuadro de desnutrición, “una simple gripa puede llevar fácilmente a una neumonía” o bien complicar los casos de tuberculosis o enfermedades diarreicas.

Mediante un censo, la Jurisdicción 1 de los SSN detectó en las comunidades de El Nayar a 280 menores de cinco años desnutridos, 42 de ellos en situación grave, 56 moderada y 182 leve.

De acuerdo con datos del INEGI, el 86% de las viviendas de El Nayar tienen piso de tierra; 54% cuentan con paredes de adobe y el 20% son de madera; 34% disponen de energía eléctrica y 29% de agua entubada. El índice de analfabetismo es de 46%.

En el Plan Estatal de Desarrollo 2005-2011, el gobierno del estado establece que la Región Sierra –que comprende los municipios de El Nayar, Huajicori y La Yesca– presenta estancamiento económico y escasas oportunidades de desarrollo.

Y en su IV Plan Pastoral, presentado el 4 de octubre de 2006, el obispo prelado de Jesús María, José Antonio Pérez Sánchez, dice que “la situación en la mayoría de las comunidades es cada vez más injusta y más difícil; en ocasiones algunas familias carecen de lo básico y han aumentado el hambre y las enfermedades”.



Tortillas con sal



En sus 40 años de vida, 2 mil pesos es la mayor cantidad de dinero que Magdaleno Pizano de la Cruz, indígena cora, ha logrado tener en sus manos.

Eso fue hace más de una década, al regresar del municipio de Ruiz, adonde había emigrado para los cultivos de tabaco. El gusto le duró poco, pues el dinero sólo le alcanzó para pagar las deudas contraídas por su familia para sobrevivir durante su ausencia de dos meses.

Magdaleno Pizano, padre de ocho hijos y abuelo de dos nietos, está ahora preocupado porque, a varios meses de las lluvias, a su familia ya se le agotaron las reservas de maíz. La sequía del año pasado sólo le permitió cosechar cinco cargas, apenas para tres meses. Y actualmente, con grandes dificultades, tiene que comprar el grano a 3.50 pesos el kilo en la tienda de Diconsa.

“Yo nada más le rezo a Dios que encuentre dónde trabajar para darle comida a mi familia, no quiero otra cosa”, musita Magdaleno, quien hasta la adolescencia habló únicamente su lengua materna. Nació y ha vivido casi siempre en Arroyo de Camarones, en una casa de dos cuartos que habitan 15 personas, pues allí viven también sus padres y su primogénito con su esposa e hijos.

Además de su casa, el patrimonio de Magdaleno Pizano y su familia consta de dos burros, tres cerdos y algunas gallinas. Hace meses, cuando su padre enfermó de gravedad, Magdaleno tuvo que trasladarlo sobre un burro, durante más de cuatro horas, hasta el hospital de Jesús María.

Cuando se acaba el trabajo en el campo, Magdaleno se va con los burros al monte a cortar leña, que vende a 40 pesos la carga. Pero no siempre encuentra clientes. Habitualmente, su familia come frijoles con tortilla, huevo, chile y café. Pero ahora que se acabó el maíz, aumentaron los gastos y ya empezaron a comerse las gallinas…

Y esto se repite cada época de estío. “Unos días hemos pasado comiendo tortillas y sal, con los hijos llorando de hambre”, lamenta mientras espera el próximo temporal.

–¿Le desespera su situación?

–Pues sí, pero no puedo cambiar las cosas. Otros tienen más dinero, pero nosotros no tenemos. Yo estaría feliz con trabajo todos los días, porque si no hay trabajo no comemos.



Presidentes “vigilantes”



Con poco más de mil 500 habitantes, la cabecera municipal, Jesús María, puede considerarse privilegiada en medio de la marginación y miseria de las demás comunidades.

Se halla a 217 kilómetros de la capital del estado, que en camión se recorren en

casi 10 horas. Funcionan allí algunos comercios, lugares de venta de comida y casas de huéspedes para maestros, ingenieros y demás visitantes. En el centro se están haciendo construcciones nuevas.

Por las noches, cuando refresca el viento y levanta grandes polvaredas, hay jóvenes que pasean por la calle principal en grandes camionetas escuchando narcocorridos de Valentín Elizalde y música de grupos norteños.

En poco más de 10 años, el pueblo ha cambiado, pero la gente no está satisfecha. En 1996 el presidente Ernesto Zedillo inauguró el moderno hospital mixto de este lugar, de 12 camas, aunque no hay abasto suficiente de medicamentos.

Hace alrededor de cuatro años, el presidente Fox entregó el servicio de energía eléctrica a la cabecera municipal, pero los usuarios protestan por el mal servicio y los altos cobros. El secretario del Ayuntamiento, Octavio López de la Cruz, reconoce que “hay una inconformidad general, porque los recibos están llegando de mil a 2 mil pesos, a pesar de que la gente no tiene tantos aparatos como en las ciudades”.

La escuela primaria Anáhuac fue dotada de Enciclomedia. Sin embargo, la mitad de los aparatos no funcionaron desde el principio, en tanto que otros casi no pueden utilizarse debido a los constantes apagones. Una antena satelital fue colocada en el techo de uno de los salones, mas nunca fue conectada.

En la región se da, además, un incremen-

to notable del alcoholismo y la drogadicción

que, de acuerdo con el director del hospital, Victoriano Cabrera, están asociados con la violencia en la vía pública y en el interior de los hogares.

El párroco de Jesús María, Héctor Adolfo Aguilera, manifiesta que el consumo de cocaína, cristal y mariguana causa daño a numerosas familias, y respecto al alcoholismo, califica a Jesús María como un “pueblo cantina”, mientras que el secretario del Ayuntamiento, Octavio López, afirma que hay 15 expendios de bebidas alcohólicas, esto es, uno por cada 100 habitantes.

Frente a la miseria, la desnutrición y la marginación que vive El Nayar, el sacerdote Héctor Adolfo Aguilera dice esperar que el presidente de la República mire hacia este municipio, como se ha hecho con las comunidades de Chiapas.

“Allá actuaron quizá porque hubo un levantamiento, pero acá también, por justicia, hay que atender el problema, que es muy grave”, manifiesta.

En la última década, el municipio ha recibido varias visitas de presidentes de la República. De hecho, tanto Ernesto Zedillo como Felipe Calderón escogieron esta zona para su primera gira por el estado de Nayarit.

El 24 de agosto de 1995, Zedillo expresó en Jesús María: “Las comunidades indígenas se encuentran con frecuencia atrapadas en un círculo vicioso de miseria, de ignorancia, de falta de oportunidades productivas, y también atrapadas en el aislamiento por falta de comunicaciones adecuadas…”

Se comprometió a aplicar una política social que atendiera “los problemas de salud

tan graves que todavía aquejan a las comunidades indígenas”, y les ofreció además: “No estarán solos”, pues, les dijo, “ustedes cuentan con un aliado, el presidente de la República”.

Casi siete años después, el 6 de marzo de 2002, el presidente Vicente Fox presentó en Mesa del Nayar el Programa Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas 2001-2006, donde aseguró a los indígenas que el Estado “reconoce las carencias y rezagos de sus comunidades”, aunque aclaró: “No venimos en esta ocasión a ofrecerles falsas promesas, sino a ponernos a su lado para trabajar unidos”, pues “estamos muy conscientes de que por siglos el camino de ustedes y sus comunidades ha sido particularmente difícil”.

Por último, el pasado 14 de febrero, el presidente Felipe Calderón visitó El Nayar y, en San Juan Peyotán, inauguró el centro de salud local y presentó el Programa Nacional de Detección Oportuna de Alteraciones Auditivas.

Allí expresó: “La peor cara de la miseria es un padre, una madre de familia que no tiene dónde atender a sus hijos; que no tiene con qué atenderse; que se le mueren los hijos en los brazos por falta de médico o de medicinas, o porque tienen miedo de llevarlo a la clínica o a un doctor porque no tienen dinero para pagar”.

Y, a la usanza de sus antecesores, el presidente Calderón remató: “Esto tiene que acabarse”, luego de comprometerse a que su gobierno dará los pasos necesarios para que todos los mexicanos puedan crecer, desarrollarse y salir adelante.

Presidentes vienen, presidentes van. Y el pueblo jodido como siempre. Vamos organización, rumbo a la CND organizados no delegamos en nadie porque el verdadero poder nace de la organización del pueblo.

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