México mutilado
Francisco Martín Moreno
A mediados del siglo XIX, México era el segundo país más grande del mundo. Las ambiciones estadounidenses propiciaron una guerra de invasión a México para anexar parte de su territorio con la riqueza que se encontraba en él. Desde entonces, la intervención norteamericana de 1846 dejó una cicatriz rencorosa en el corazón de todos los mexicanos.
¿Cómo pudo perderse tan vasta extensión? ¿Cómo es que un puñado de militares conquistó dos millones de kilómetros cuadrados para su país? La respuesta no sólo está en la ambición expansionista que desde entonces distinguía al vecino país del norte, sino en un hombre: Antonio López de Santa Anna, un auténtico seductor de multitudes que, en colaboración con las altas esferas eclesiásticas de entonces y en contubernio con las autoridades norteamericanas, dejó a México atado de manos para que los norteamericanos se pasearan por todo el territorio, y se apropiaran de buena parte de él.
Dice el autor, en una entrevista de televisión en el canal 52 de México con los periodistas Carmen Aristegui y Javier Solórzano el pasado mes de diciembre, que su impulso para escribir este libro fue una inquietud que tenía desde que cursaba sus estudios primarios, cuando le enseñaron que los estadounidenses nos habían robado la mitad de nuestro país. Desde entonces se quedó con una intranquilidad que siempre lo persiguió.
El historiador comentó que la historia de México oficial hay que tomarla con reservas porque, como toda historia, la escribieron los vencedores. Fue redactada en buena parte por representantes del clero católico que, con tal de impedir que se divulgaran sus infamias, nos ocultaron la verdad.
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Francisco Martín Moreno
A mediados del siglo XIX, México era el segundo país más grande del mundo. Las ambiciones estadounidenses propiciaron una guerra de invasión a México para anexar parte de su territorio con la riqueza que se encontraba en él. Desde entonces, la intervención norteamericana de 1846 dejó una cicatriz rencorosa en el corazón de todos los mexicanos.
¿Cómo pudo perderse tan vasta extensión? ¿Cómo es que un puñado de militares conquistó dos millones de kilómetros cuadrados para su país? La respuesta no sólo está en la ambición expansionista que desde entonces distinguía al vecino país del norte, sino en un hombre: Antonio López de Santa Anna, un auténtico seductor de multitudes que, en colaboración con las altas esferas eclesiásticas de entonces y en contubernio con las autoridades norteamericanas, dejó a México atado de manos para que los norteamericanos se pasearan por todo el territorio, y se apropiaran de buena parte de él.
Dice el autor, en una entrevista de televisión en el canal 52 de México con los periodistas Carmen Aristegui y Javier Solórzano el pasado mes de diciembre, que su impulso para escribir este libro fue una inquietud que tenía desde que cursaba sus estudios primarios, cuando le enseñaron que los estadounidenses nos habían robado la mitad de nuestro país. Desde entonces se quedó con una intranquilidad que siempre lo persiguió.
El historiador comentó que la historia de México oficial hay que tomarla con reservas porque, como toda historia, la escribieron los vencedores. Fue redactada en buena parte por representantes del clero católico que, con tal de impedir que se divulgaran sus infamias, nos ocultaron la verdad.
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