

Muchos Gritos y Ninguna Independencia
Por Alfredo Velarde
Que el minúsculo dizque “presidente” Felipe Calderón cercado por las vallas del Estado Mayor Presidencial , haya pretendido proferir el grito de Independencia en Palacio Nacional , por cumplir el protocolo instituido que le confiere al titular del poder ejecutivo tal distinción, resultó, amén de una contradictoria broma de mal gusto, el más irónico oximorón del actual momento político de crispaciones que asola a la (semi) república que queda, en la miasma pantanosa del más insustancial patrioterismo oficial y del más grosero “nacionalismo” declarativo de pacotilla, por parte del presidente pirata que sufrimos.
Un gobierno que no es de la gente y que representa la subordinación más abyecta a los intereses foráneos del capital transnacional y el mal llamado “Consenso de Washington” ; que se ha entregado sin chistar al recalcitrante y reaccionario globalismo eufórico exaltador de la devastadora economía de mercado; que con singular entusiasmo ha declarado su adhesión incombustible al capitalismo salvaje de credo neoliberal, no puede gritar la independencia sin morderse la lengua y trozarla en el intento.
Y eso fue lo que ocurrió, tragicómicamente, la noche del pasado 15 de septiembre en el Zócalo de la ciudad capital. Tomada por asalto, un tercio de la plancha zocalina por efectivos castrenses, desde 72 horas antes del 197 aniversario de la efeméride histórica, hizo ostensiblemente clara la nula representación del presidente de facto y el miedo contumaz que le tiene a la inmensa franja mayoritaria del pueblo mexicano que repudia los malos oficios de la altanera y reaccionaria política que practica en contra de un genuino interés nacional y opuesta radicalmente a los trabajadores y sus vapuleadas economías que “festejan” el aniversario independentista con otra medida más de terrorismo fiscal contra los contribuyentes en contubernio con el mismo Congreso de la Unión .
Pero las fiestas patrias demostraron, sin duda, que la arrogancia y el oportunismo de los políticos profesionales, ni es monopolio suplantador panista , ni tampoco patente de corzo del cinismo gobiernista federal , sino que, en esa misma suerte, por ejemplo, les acompaña – mimético - el cada día más demagógico Marcelo Ebrard . El jefe de gobierno capitalino, quien no escatima gastos ni desplantes retóricos por convencerse a sí mismo de que representa las definiciones “más progresistas” de la en realidad putrefacta “izquierda” domesticada en que logró incrustarse para catapultar inmoralmente a su carrera política, desde su inefable extracción salino-camachista que no ha podido ocultar, también nos obsequió, ahora, desde el antiguo Palacio del Ayuntamiento capitalino, su versión del grito patrio y que, en su persona, tampoco pudo prescindir de otras tantas connotaciones chocantes.
Y ese protagonismo político auto exaltador de personalidades políticas, ya suspirantes de huesos políticos más altos , justo ahora que tanto se habla de liquidar los muertos rituales de la oficiosa política mexicana, nos demuestra que el 15 de septiembre pasado se singularizó por muchos gritos y una auténticamente nula independencia genuinamente nacional. Y si a eso se agrega el grito del “gober precioso” Mario Marín , en Puebla ; o del asesino serial Ulises Ruiz , en Oaxaca, ¿nos ponemos a pensar, en serio, quiénes gritan nuestra independencia? ¡Con esos “patriotas” estamos lucidos!
En todo caso, es de denotar que la tercera en la discordia de los gritones capitalinos, como la picaresca del abajo-social atinó a definir las cosas, durante “la guerra de los sonidos” que se vivió en el Zócalo de la ciudad de México, fue la legendaria luchadora social Rosario Ibarra de Piedra , acaso la única de los tres con real autoridad moral y con la estatura ética suficiente para una conmemoración del tamaño de su simbología en el dividido y crispado Distrito Federal, no obstante las extraviadas definiciones tácticas de una CND instalada en su minimalismo programático reformista ante quienes dio el llamado “grito de los libres”.
En ese sentido, los gritos legítimos, ante los hipócritas, felizmente quedaron representados en los eventos paralelos, como el de Doña Rosario en la ciudad capital, o el de Atenco que representó la reaparición pública de algunos de sus más perseguidos activistas, como en el caso de los compañeros Martha Pérez, David Pájaro y Ulises del Valle del FPDT , y, en el caso de Oaxaca, el evento de la APPO , donde la esposa del ex rector Martínez Soriano, Josefina Martínez de Martínez , fue la encargada de tal distinción, mostrando y demostrando que son las oposiciones y no los gobernantes, quienes mejor pueden desempeñar ese papel conmemorativo, para no hacer de él un ritual muerto.
Lo más lamentable, en todo caso, es que en medio de la borrachera nacionalista patriota , los habitantes reales de éste país, los de a pie, los que casi nadie recuerda, quienes le han dado identidad patria verdadera y legítima al estado nacional mexicano, no sólo no son independientes hoy, cuando construyen su autonomía a contrapelo del Estado, sino que siguen siendo perseguidos como tanto y tanto otros.
Nos referimos por supuesto, a los indígenas bases de apoyo del EZLN que fueron agredidos brutalmente por indignos indígenas priístas paramilitarizados y contrainsurgentes de la OPDDIC del ejido Agua Azul , usados para desplazar a sus hermanos de sangre de la región y poder cumplir así con el expediente gubernamental de reprimir y aislar al EZLN.
¿De qué independencia hablamos entonces? Y mientras esto pasa, no puede sino resultar grotesco, también, que los medios y la CIRT ataquen a la partidocracia , por sacarlos del jugoso negocio que el duopolio televisivo tenía montado para vivir a las costillas del erario público, apelando a la libertad de expresión que precisamente Televisa y T.V. Azteca han tenido precisamente secuestrada. ¡Qué país! ¿Independiente?





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