Desaparecido

GABRIEL GOMEZ CAÑA, POR ULTIMA VEZ SE LE VIO EL SABADO 25 DE MARZO PASADO, A LAS 11:30 DE LA NOCHE

GABRIEL GOMEZ CAÑA, POR ULTIMA VEZ SE LE VIO EL SABADO 25 DE MARZO PASADO,  A LAS 11:30 DE LA NOCHE Orizaba, Veracruz.- Llevaba una playera negra, pantalon de mezclilla, es de complexion delgado y piel morena...Es militante del Frente Popular Revolucionario y activista de Organizaciones Sociales.
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31 octubre 2007

Maíz transgénico en el Distrito Federal

El inicio del próximo año será aún más difícil que cualquiera otro para el campo mexicano, el cual como todos sabemos se encuentra ya abandonado por las autoridades y en una situación tan precaria que hace que los campesinos emigren a los Estados Unidos en busca de ingresos que posibiliten la manutención de sus familias y una mejor vida. Greenpeace y la organización "Sin maíz no hay país" han lanzado un llamado a todos los sectores de la sociedad mexicana para defender el maíz, el campo y la soberanía alimentaria. Al final del siguiente artículo encontrarás el enlace para entrar a la página de recolección de firmas.
Si estás de acuerdo, divulga entre tus amistades y conocidos esta importante lucha e invítalos a que se sumen a ella. Entre los datos solicitados piden el correo electrónico de quien anexa su firma, así que para aquellos conocidos que carezcan porque no acceden a internet podemos ayudarles para ingresar sus datos poniendo nuestro correo o bien creándoles uno especialmente para ello.

Saludossss

Silvia



Usted está aquí: miércoles 31 de octubre de 2007 → Opinión → Maíz transgénico en el Distrito Federal
Alejandro Nadal

Maíz transgénico en el Distrito Federal
El maíz transgénico llegó al Distrito Federal. Es una noticia alarmante, cargada de implicaciones negativas: un paso más en la ofensiva de las corporaciones productoras de organismos genéticamente modificados (OGM) para invadir, por la vía de los hechos, el campo nacional con esos productos. Su objetivo es claro: hacer irreversible la difusión de sus OGM y asegurarles así la apertura de nuestro mercado. Desde el punto de vista ecológico, la mala noticia es que la integridad del germoplasma maicero de México está amenazada. Desde el punto de vista social, los productores mexicanos pueden perder uno de sus principales activos: los recursos genéticos que han estado desarrollando desde hace siglos.

La presencia de maíz transgénico en el suelo de conservación del Distrito Federal es el principal hallazgo de una importante investigación del científico mexicano Antonio Serratos, publicada este año en la revista especializada Frontiers of Ecology and the Environment (órgano de la Sociedad Estadunidense de Ecología). El estudio incluyó trabajo de campo realizado en el suelo de conservación en las delegaciones de Milpa Alta, Tlalpan, Tláhuac y Magdalena Contreras. La técnica utilizada consistió esencialmente en pruebas de inmunoensayo sobre muestras de maíces que revelaron la presencia de dos proteínas transgénicas distintas: la proteína CP4 EPSPS (que produce tolerancia al herbicida Glifosato) y Cry1Ab/c (que confiere resistencia a insectos lepidópteros en maíz).

Aunque la investigación no detecta la frecuencia estadística, ni la frecuencia completa del transgen utilizado, desde el punto de vista legal el análisis es determinante y no hace falta un examen a nivel molecular más detallado. Si un estudio análogo sobre la parcela de un productor orgánico en el Distrito Federal arrojara el mismo resultado, ese productor perdería ipso facto su registro y el acceso al mercado de productos orgánicos, independientemente de la frecuencia o del tipo de transgen que hubiera sido detectado por el estudio: bastaría una sola planta contaminada para eliminar del registro de productos orgánicos toda la parcela. Además, bajo la legislación vigente en materia de bioseguridad, ese productor carecería de recursos legales para reparar el daño causado. Bajo estas condiciones, cualquier plan para desarrollar la agricultura orgánica peligra con la difusión de los transgénicos.

Esta revelación contradice las afirmaciones repetidas del secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, de que sólo hay rumores sobre la presencia de transgénicos. Evidentemente el titular de la Sagarpa ha sido muy mal informado y debiera poner atención, pues está comprometida su responsabilidad en este asunto tan grave.

Después de los hallazgos reportados por Chapela y Quist en la revista Nature (2001), de los estudios realizados por INE-Conabio (2001) y por un grupo de organizaciones civiles y de productores del campo (2003), informando sobre la presencia de maíz trangénico, así como la confesión reciente de grupos de agricultores en Chihuahua que afirman estarlo sembrando, el trabajo de Serratos viene a corroborar la gran dispersión del maíz transgénico en México.

Una buena noticia es que el mismo científico ha liderado una red de investigadores de cinco universidades y centros de investigación para diseñar un proyecto dirigido a transformar el suelo de conservación del Distrito Federal en un refugio para el rescate del germoplasma de los maíces nativos del altiplano mexicano. El proyecto tiene tres componentes principales. Primero, permitirá la detección de material transgénico en los maíces sembrados en el suelo de conservación. Esta actividad de monitoreo es vital para poder preservar localmente la constitución genética de las razas nativas del altiplano. Segundo, el proyecto propone desarrollar alternativas agroecológicas, sustentables, económicamente benéficas para los productores. Estas líneas de producción pueden competir ventajosamente frente a maíces híbridos convencionales o los transgénicos en los mercados de productos alimenticios de gran valor agregado. El tercer componente innovador del proyecto del doctor Serratos y sus colaboradores es el enfoque revolucionario de fusionar la biotecnología con los principios de la agroecología. Eso permitirá avanzar hacia un nuevo paradigma científico y una nueva trayectoria para la biotecnología molecular, con efectos benéficos para la producción de millones de campesinos pobres en el mundo.

Los principales objetivos del proyecto ya fueron recogidos en el Plan Verde del Gobierno del Distrito Federal, reconociendo así la relevancia de este estudio para el mantenimiento y la sustentabilidad del suelo de conservación, así como para el régimen de bioseguridad.

En el contexto internacional se está produciendo un viraje. Francia acaba de anunciar una moratoria indefinida sobre los cultivos transgénicos por los riesgos que implica su utilización y dio a conocer planes ambiciosos para promover la agricultura orgánica. Se une así a Alemania, Hungría, Polonia, Austria y Grecia, al reconocer la importancia de vincular la producción agroecológica con el rechazo a los transgénicos.

En nuestro país, el proyecto del doctor Antonio Serratos y su equipo es la clave para el futuro del germoplasma maicero mesoamericano, la seguridad alimentaria y el bienestar de los productores del campo.



¡¡Suma tu firma a la defensa del maíz, del campo mexicano y la soberanía alimentaria!!
Da click sobre el siguiente enlace para entrar a la página de recolección de firmas

http://www.greenpeace.org/mexico/participa-como-ciberactivista/suma-tu-firma-a-la-defensa-d

01 abril 2007

Separador enviado por Sal

09 marzo 2007

La tierra debe alimentar a la gente, no a los automóviles


Red por una América Latina Libre de Transgénicos, Red Latinoamericana contra los Monocultivos de Árboles, Red Oilwatch América del Sur, Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales

Las organizaciones arriba firmantes manifestamos al Parlamento Europeo, la Comisión Europea , los gobiernos y ciudadanos de la Unión Europea , nuestra profunda preocupación por las políticas que se están adoptando para favorecer el uso e importación de biocombustibles como una alternativa a los combustibles fósiles cuyo uso desmedido es uno de los principales responsables del calentamiento global. El incremento creciente de automóviles individuales, cuyo consumo de petróleo es una de las principales causas del calentamiento global, hace que el uso de combustible fósil aumente día a día. En ese contexto, el uso de biocombustibles parece ser una alternativa positiva. Sin embargo, todo indica que ello generará graves impactos, especialmente en los pueblos del Sur.

En efecto, es muy poco probable que Europa logre ser autosuficiente en la producción de biocombustibles a partir de la producción nacional de cultivos energéticos, por lo que es muy posible que lo haga a costa de las tierras de las que depende la soberanía alimentaria de nuestros países.

Mientras los europeos mantendrán su estilo de vida basado en la cultura del automóvil, los países del Sur tendremos cada vez menos tierras para sembrar alimentos, y por lo mismo perderemos nuestra soberanía alimentaria y tendremos que basar nuestra alimentación en comida importada, posiblemente de Eu­ropa.

En otros casos, los cultivos energéticos crecerán en América Latina, como también en países de Asia y África, a costa de nuestros ecosistemas naturales. La soya se proyecta como una de las principales fuentes para la producción de biodiesel, pero es un hecho que los monocultivos de soya son la principal causa de destrucción del bosque nativo en Argentina, del bosque húmedo tropical amazónico en Brasil y Bolivia, y de la Mata Atlántica en Brasil y Paraguay.

Los territorios indígenas también han sido afectados. El pueblo enawene nawe en Matto Grosso ha declarado que la soya le está matando. Al momento sobreviven apenas 429 enawene nawe.
Su territorio ha sido reducido a la mitad y están rodeados por plantaciones de soya. Su salud está deteriorada y los niños sufren de desnutrición.

Para servir al negocio de la soya (o so­ja), los gobiernos del Sur están construyendo represas, hidrovías, puertos y carreteras, con los consiguientes graves impactos sobre el ambiente. Al mismo tiempo, la expansión de la soya está afectando la sa­lud de las poblaciones aledañas, donde los niveles de cáncer y otras enfermedades ligadas a los agrotóxicos empleados en esos monocultivos aumentan cada vez más.

Las plantaciones de caña de azúcar y la producción de etanol en Brasil son el negocio de un oligopolio que utiliza trabajo esclavo. Las plantaciones de palma aceitera se expanden a expensas de las selvas y territorios de poblaciones indígenas y otras comunidades tradicionales de Colombia, Ecuador y otros países, crecientemente orientados a la producción de biodiesel.
La situación se agrava si tomamos en cuenta que la soya sembrada en el Co­no Sur es transgénica, y que empresas privadas en Brasil planean lanzar al mer­cado variedades transgénicas de caña de azúcar para el año 2010.

El rechazo a los cultivos transgénicos es generalizado en América Latina, y la expansión de cultivos para producir y exportar biocombustibles a Europa exacerbará estos conflictos.
La solución al problema del cambio climático generado por los países del Norte no puede pasar por la creación de nuevos problemas en nuestra región. Hacemos un llamado a los gobiernos y pueblos de los países de la Unión Europea para que busquen soluciones que no agraven la ya dramática situación social y ambiental que viven los pueblos de América Latina, Asia y África.

"Es tiempo de soberanía alimentaria "

http://www.grain.org/biodiversidad/?id=336



Red Latina sin fronteras:

Evento en Puebla

03 febrero 2007

La tortilla y la devastación cultural

Javier Sicilia

El alza de la tortilla, que a inicios de año, como un nuevo mal de la globalización, azota a México, no es sólo un atentado a la vida alimentaria del pueblo mexicano, sino antes que nada un arrasamiento de su cultura. Al igual que el mundo europeo nació bajo el signo del trigo, y el mundo asiático bajo el del arroz, México nació bajo el signo del maíz: su pluralidad de culturas, sus ritos, sus vidas domésticas han girado en torno a él.

Richard Stokton MacNeish (1918-2001), un hombre que dedicó su vida a investigar la transición del nomadismo a la agricultura, en sus investigaciones en el valle de Tehuacán –que, por razones que no es posible aducir aquí, consideraba la cuna del maíz– descubrió las primeras pruebas de su existencia, el maíz zea, en la fase llamada Coxatlán (5000-3500 años a. de C.): 18 mazorcas.

Este maíz –que, según recientes estudios, era hijo del teosinte, un híbrido cuyas huellas se perdieron–, al sedentarizar a las poblaciones y construir formas de vida en torno a la subsistencia, generó también la diversidad de culturas que pueblan nuestra nación. De la misma forma que el trigo y el pan han sido el centro del sentido de la tradición judeocristiana, no hay mito indígena donde el maíz no aparezca como el corazón de la vida. Grandes cosmogonías –metáforas rituales de aquello que hace la existencia y la permanencia de un pueblo– nacieron de él. Los mismos conquistadores jamás habrían podido sobrevivir sin apoderarse de las reservas de maíz que Moctezuma había acopiado después de una gran hambruna, las cuales eran suficientes para mantener a 50 mil personas durante un año, y el México de la Colonia, el independiente y el que nació de la Revolución jamás habrían podido sobrevivir ni ser sin él –Enrique Florescano ha documentado el papel que las “crisis del maíz” han jugado en los alzamientos nacionales (Precios del maíz y crisis agrícola en México).

El maíz, como lo señalaron en 2004 los pueblos de Oaxaca en su resistencia a los transgénicos, es “el fundamento de nuestra cultura y la realidad de nuestro presente. Está en el centro de nuestra vida cotidiana. Aparece sin falta en nuestra dieta y en la cuarta parte de los productos que adquirimos en la tiendas. Es el corazón de la vida rural y un ingrediente infaltable en la vida urbana” (Defender nuestro maíz, cuidar la vida, en Manifiesto contra los transgénicos en Oaxaca).

Por desgracia, ese maíz, que antes de la Colonia constaba de 200 a 300 especies, en la época actual ya sólo tiene 40. La razón es del orden de la productividad tecnificada y de la transformación del valor cultural y de uso del maíz en un valor económico: El aumento de su productividad, que en tierras irrigadas pasó de 0.7 toneladas por hectárea en 1950 a 2 toneladas por hectárea en 2005, estuvo acompañado de una reducción real y “epistemológica” de tierras cultivadas. La primera fue consecuencia del despojo de la vida campesina y de su emigración a las ciudades; la segunda, que va de la mano de la anterior, de la introducción de criterios “científicos” de cultivo que, o bien han esterilizado tierras a fuerza de usar agroquímicos, o bien han tratado como estériles las tierras otrora cultivadas por campesinos milperos.

Pese a esto, hasta la década de los sesenta México tuvo una independencia alimentaria y fue autónomo en la producción del maíz. Hoy, en cambio –con una fase intermedia, la del Sistema Alimentario Mexicano (SAM), con la que el gobierno de López Portilla hizo algo fundamental: subsidiar a los cultivadores de milpa: “una forma de redistribución del ingreso (...) un forma de hacer justicia”–, arrojó la producción al amparo del único dios moderno: “la mano invisible” cuya sola ley es el hierro del mercado libre. La bárbara ignorancia de los hijos de Adam Smith, del desarrollismo de Truman y de la globalización moderna, trató al maíz, no como el valor de uso sagrado y civilizatorio que –vuelvo al Manifiesto de los pueblos de Oaxaca– “resume nuestro pasado, define nuestro presente, es la base de un porvenir propio y motivo de fiesta, de intercambio, de convivencia, de ayuda mutua (y) centro de nuestra cultura, en la que tiene un carácter sagrado”, sino como un hoobie económicamente improductivo que fácilmente podía sustituirse por importaciones de la variedad amarilla número 2, que en Estados Unidos tiene el estatuto de forraje y que es más barata que el elote y sus 40 variedades.

Esta estupidez, hija de la reducción de la cultura y de la vida a un valor económico, terminó no sólo por sellarse con el TLC –ese monólogo entre poderosos que le ha dado la puntilla al subsidio alimentario de nuestro país–, sino por las nuevas políticas estadunidenses que, al agotar el modelo industrial agroquímico, han empezado a generar un maíz transgénico que, con las consecuencias que esto traerá –dependencia económica de los laboratorios estadunidenses que lo producen; destrucción por hibridación de las 40 variedades que, pese a todo, aún conservamos–, quieren vendernos. Por lo pronto, el uso que han empezado a dar a ese pésimo maíz –la producción de etanol– y la destrucción de nuestros milperos han generado el desabasto del grano, las crecientes emigraciones del campo y el encarecimiento de la tortilla.

La manera en que el recién estrenado gobierno de Calderón y Eduardo Sojo –el Córdoba Montoya del sexenio de Fox y, ahora, para nuestra desgracia, secretario de Economía– quiere enfrentar el desastre –importando maíz de donde sea–, no resolverá el problema, cuya base es la estupidez de los economistas y de nuestros inexpertos políticos que reducen todo al mercado libre. Pero sí hace evidente un desastre ya anunciado: este movimiento brusco que no estaba previsto –a Dios gracias y pese a las ISO 9000 todavía reina la contingencia– adelantó lo que en el TLC estaba anunciado para el 2009: el arrasamiento completo de la producción de maíz y frijol –falta todavía esa debacle alimentaria y cultural– de nuestro territorio; la perentoria destrucción del campo que, sin subsidio alguno, zozobrará en medio de hordas de campesinos sin tierra y sin vida y movimientos sociales que el Ejército, como lo ha anunciado el gobierno de Calderón, reprimirá; el sometimiento del territorio a la maquila –somos parte de las regiones que en el modelo globalizador están destinadas a ello; de ahí también el desprecio del gobierno por la cultura y la educación– y, lo peor de todo, la destrucción de nuestra vida cultural frente a la dependencia alimentaria y la pérdida de nuestro maíz, su memoria y su fiesta, que se convertirán en un recuerdo o en el símbolo de un pasado romántico. Pues como lo dice la sabiduría campesina acumulada por milenios: “Sin maíz no hay país”.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca. ?