Tribuna de Querétaro No. 423, 17 de Septiembre de 2007
Carlos Campos
El homo sapiens afirma Giovanni Sartori (Florencia, 1924), debe todo su saber y todo el avance de su entendimiento a su capacidad de abstracción. Los procesos de abstracción, indispensables para la adquisición del aprendizaje significativo, desde el razonamiento lógico-matemático, hasta la configuración de representaciones en la construcción sociocultural del individuo, comprenden un intenso contacto directo del individuo con su realidad circundante: a mayor y mejor dirección de los procesos de aprendizaje, donde el sujeto se vincula con la realidad, de mayor calidad y eficiencia será la adquisición de los procesos de abstracción. Los procesos de abstracción difícilmente serán concretados por la inmanencia de la imagen y la exclusividad de la inmediatez que ofrece la televisión, “tenemos el hecho de que la imagen no da, por sí misma, casi ninguna inteligibilidad. La imagen debe ser explicada; y la explicación que se da de ella en la televisión es insuficiente”, afirma el autor italiano del libro: “Homo Videns, la sociedad teledirigida” (Roma, 1997). ¿Se imaginó Sartori una televisión como la mexicana? Fenómeno fundamentalista en los linderos de la estulticia y la dictadura simbólica, la televisión popular se abstrae a sí misma, como un constructo maleable, a la voluntad de su crecimiento accionario bursátil. ‘Ora linchan desde el estudio televisivo, devenido en tribunal’ (Brozo, dixit), desaparecen las palabras de oposición en informe de gobierno, omiten megamarchas en repudio a un vacuo desafuero, ignoran las tomas armadas a instalaciones televisivas del Cerro del Chiquihuite; ora se enfundan en la lucha a favor de la libertad de expresión, contra lo que han llamado ‘golpe a la democracia’. Cultura de telenovela y filosofía de reality shows’. Pero, sobre todo, usurpadores legales de un bien público. En pos de una libertad de coacción, que no de expresión, se olvidan que el problema de fondo no es ético, sino económico. Respaldados por su poder fáctico y juicio mezquino a una representatividad partidocrática, la mediocracia (por mediocres?) trazaron una rústica batalla para proteger sus ingresos: ¡Viva el espot! Como sus aliados emergentes arribaron académicos, especialistas, críticos, periodistas... ¿dónde estaban en la debacle de “Monitor”? Más allá del revanchismo mediático, de un falaz golpe la democracia referido por Javier Alatorre, y de un absurdo robo, citado por López-Dóriga, y los dislates de Ferriz de Con y Paty Chapoy, está su marcada implosión de la política nacional y la sempiterna violación al derecho de información. “Los efectos de la videopolítica tienen un amplio alcance. Uno de estos efectos es, seguramente, que la televisión personaliza las elecciones”, afirma Sartori. “En la pantalla vemos personas y no programas de partido en definitiva, la televisión nos propone personas (que algunas veces hablan) en lugar de discursos (sin personas)… el videolíder más que transmitir mensajes es el mensaje”.
Hablan de un golpe a la democracia y a la libertad de expresión, cuando los medios autistas han sido ejecutores materiales del deliberado olvido histórico del movimiento estudiantil de 1968, la continuación repudiable con la denominada guerra sucia, legitimadores del fraude electoral de 1988, el ocultamiento de información del asesinato de Paco Stanley, la andanada apologista de represión en el levantamiento armado del EZLN, el silencio sepulcral de las masacres de Aguas Blancas y Acteal, la violencia mediática en el linchamiento contra López Obrador, la hegemonía discursiva en los casos de Ateneo y Oaxaca.
Culmina Sartori: “En este mundo ya todo es neo, trans, post [...] Hoy día si no superas, sin no adelantas la valla no existes. Arriesgándome a no existir yo prefiero resistir”.
20 septiembre 2007
“Homo Videns, la sociedad teledirigida” de Felipe Giovanni
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